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lunes, 21 de julio de 2014

HISTORIA DE UN ADIOS INESPERADO AL AMOR DE MI VIDA, MAS QUE UN ADIOS... ES UN HASTA SIEMPRE. PRIMERA PARTE...IMÁGENES LINDAS DE AMOR.


Desperté de aquel hospital, miré el reloj eran las 10:20 de la mañana, no sabía las razones por las cuales me encontraba ahí, miré a una enfermera entrar y le dije:
-Disculpa ¿qué me pasó? ¿Qué hago aquí?
Ella me miró, movió la cabeza en forma negativa, me sonrió y respondió:
-¿Acaso no lo recuerdas? Tuviste un accidente, caíste de un precipicio en el auto, de milagro estás con vida, estuviste en coma 3 semanas.
Guardé silencio y recordé lo sucedido, había discutido con papá, tomé las llaves del auto, manejé sin rumbo fijo y al llegar a aquella curva perdí el sentido, pero recordaba que mi novia iba conmigo así que pregunté:
-Y la chica, ¿Cómo está?
La enfermera bajó la mirada, movió la cabeza, me miró y me dijo.
Tienes que ser fuerte, la chica... llegó grave al igual que tú, necesitaba con urgencia una operación, la cual su cuerpo no resistió, ella... Ella murió.
Al escuchar estas palabras sentí que mi mundo se acababa, por mi irresponsabilidad la chica que quería había muerto, sentí un nudo en la garganta y por unos minutos quedé ido. Al regresar en mí la enfermera ya no estaba, el nudo en la garganta seguía presente, así que no pude más y lloré como un niño, guarde silencio y no dejaba de recordar el momento en el cual ella y yo viajábamos en el coche, trataba de recordar lo que antes del accidente ella me había dicho pero no podía, estaba alterado, deprimido, y mi cabeza no me daba para más, me alteré y comencé a gritar el nombre de mi novia y a llorar, llego la enfermera y me aplico unos sedantes, el mundo daba vueltas, me quedé dormido y empecé a recordar en mi sueño todo lo vivido con ella.
Todo mundo se preparaba para ir a dar el grito, mis amigos Kevin y Jackson en unas horas pasarían a recogerme, mientras tanto yo me alistaba.
Jackson me dijo:
 Eduardo, ¿Ya estas listo?
Claro que sí, aunque... como que me dan ganas de quedarme.
Kevin insistió:
Pero ya habíamos quedado.
Dije que como que me daban ganas, mas no que me quedaría, yo sé que quedamos y pues ni modo vayámonos.
Al llegar al lugar donde sería el grito miramos a unas chicas muy guapas con escotes, vestidos pequeños y taconazos, me sentía en el cielo, mis amigos empezaron de volados, así que les hablaron pero a mí como que no me llamaban mucho la atención. Eran guapas pero sé que con ellas no habría nada serio, así que sólo platicaba pero no las tomaba enserio.
Fue ahí cuando una de ellas comentó:
 Como que ya es tarde y Jazmín aun no llega ¿Qué habrá pasado con ella?
Las otras chicas murmuraban que ella era rara y que tal vez no llegaría. Mi curiosidad aumentó pero al momento se apagó, pues en realidad no me importaba lo que pasara con ella, al fin ni la conocía, cuando de repente empezaron a murmurar:

- ¡Vaya! Ya era hora de que llegara.
- ¿Estáis seguras de que es ella? Hoy se ve diferente.
- Sí, sí lo es, mira su cara, es la misma.
- Si sólo se arregló, se le ve bien.


Mi curiosidad revivió, así que miré hacia atrás y vi a una chica distinta a ellas, con cabello largo y rizado, ojos grandes, tez medio clara, delgada, con lentes, vestido apropiado ni muy largo ni muy corto, zapatos de piso. ¡Vaya que era linda ella! Era la misma prueba de que no se necesita ir casi enseñando todo y con tacones muy altos para verse linda y atraer chicos, pues ella ya había llamado mi atención. La miré, le sonreí y ella se apenó y agachó su mirada, se acercó a las demás y nos fue presentada. Mis amigos no le dieron importancia pues ella no era aventada, ni volada, ni nada, ella era distinta y eso me atraía. Se sentó y sólo miraba alrededor. Me paré y empecé a charlar con ella.
Hola, linda, me llamo Eduardo, un placer conocerte.
Hola, mi nombre pues ya lo sabes, pero si lo olvidaste es Jazmín.
Sí, ya lo sé, es muy lindo, como tú, y claro que no lo olvidé, ni siquiera podría.
Ella sonrío y me dijo:
¿Por qué me hablas a mí, si mis amigas son más bonitas y son de más ambiente? Yo casi no lo soy.
Tú misma lo has dicho, tus amigas son de más ambiente y tú no, y lo de bonitas... (Volteé a mirarlas y proseguí) no necesitas traer vestido corto, escote y tacones para verte bonita, tú eres bonita, así como eres.

Se sonrojó y me sonrió, la invité a caminar por todo el lugar, le invité a un algodón de azúcar y a subirse a los juegos de la feria conmigo. Hablamos hasta la una de la madrugada, me platicó de su vida y yo de la mía, era una chica simpática, responsable, respetuosa e inteligente; todo lo que un hombre podría buscar en una mujer. Los escotes y vestidos cortos atraen miradas pero una chica que se respete a sí misma y se vista como tal, enamora.
Antes de irse le pedí que se tomara una foto conmigo para ponerla de recuerdo en un llavero que en ese momento compré para los dos, le di uno a ella y le pedí su número de teléfono pero desgraciadamente no tenia, así que le di un beso en la mejilla y la vi partir. Ya sólo me quedaba una foto de ella, de aquella chica que me había encantado por su hermosa forma de ser. Mis amigos se sacaban de onda pues les costaba creer que me hubiese fijado en ella. Pasaron varios días y de ella no sabía nada, ni dónde vivía ni su número de teléfono, sólo una foto, una foto que me hacía recordarla.
Habían pasado ya algunas semanas desde que la había conocido y de volverla a ver ya me había rendido pues me parecía casi imposible encontrarla de nuevo. Salí por la mañana a correr por el parque, cuando de repente la vi, mis ojos se iluminaron así que corrí hacia ella, la abrace y le dije:
Creí que no volvería a verte, tan sólo tenía de recuerdo este llavero en el cual tengo tu foto.

Le mostré el llavero y ella me dijo:
Pensé lo mismo, les preguntaba a mis amigas si tenían el número de tus amigos para localizarte por medio de ellos pero me decían que no lo habían pedido. Y al igual que tú, siempre traigo conmigo el llavero.


Lo bueno es que el destino nos junta de nuevo y ahora no quiero dejarte ir, eres una chica muy linda y desde que te conocí, no he dejado de pensar en ti, así que te pido que me des la oportunidad de tratarte más, tú me interesas y quiero algo más que una amistad.
Ella sonrío, me miro con esos ojos grandes y bellos y me dijo:
Son muy bellas tus palabras y yo tampoco he dejado de pensar en ti. Y sí, estoy de acuerdo en salir contigo y, si se da, llegar a algo más que una amistad.
La abrace de nuevo y desde ese día comenzamos a salir. No había día en que no la llenara de detalles aunque aun fuéramos amigos, eso no me impedía demostrarle mi interés por ella. Le fui conociendo más, me presentó a su familia y yo a la mía. Pasaron siete meses desde que habíamos decido salir y conocernos bien, para ella era importante eso, así que después de haber transcurrido tantos meses decidí llevarla a comer y después a dar un paseo por globo aerostático y fue ahí donde le dije:
Han pasado varios meses, hemos ido lento porque así me lo has pedido, desde el primer momento en el que te conocí me di cuenta de que eres una gran mujer, y hoy termino de comprobarlo.

Bajó la mirada, sonrió, me miró y me dijo:
 Gracias, porque en estos meses me has demostrado que en verdad te intereso y que esto para ti no es un juego.
Nunca jugaría contigo y hoy, aquí arriba en este globo, te pido que seas mi novia.
Me miró fijamente, derramó algunas lágrimas y me respondió:
 Nunca había deseado tanto algo como hoy deseo ser tu novia y estar siempre ahí contigo.
¿Eso es un sí?
En tres idiomas te lo diré: Yes, Oui, Sí.
La abrace y la besé, esas horas junto a ella y esos meses vividos fueron los más bonitos de mi vida. Pasaron los meses hasta que cumplimos dos años de novios y en unos meses cumpliríamos tres, y yo me encontraba dispuesto a proponerle matrimonio. Todo estaba listo para proponérselo el 23 de agosto del 2012, en 3 semanas, cuando una noche llegué a casa y tuve problemas con mi padre por manejos de su empresa. Ella me esperaba en el carro para ir a cenar, discutí muy fuerte con mi padre, le dije cosas horribles, tomé las llaves de mi carro, me subí, manejé enojado y ella me dijo:
Amor, no está bien que te pelees con tu padre y menos por dinero.
Lo sé, pero ya estoy harto de que me reproche todo.
Trata de entenderlo y, por cierto, te dejé una cartita en la bolsa de tu saco, la hice mientras estabas ahí dentro. Cuando llegues a casa, la lees.
Ni siquiera sé a qué hora llegué, con decirte que no sé a dónde voy...
Íbamos a cenar, pero no te preocupes, vamos a donde sea
.

Me tomó de la mano, me miró y me dijo:
 Nunca olvides que te amo, y ya no se enoje mi gruñón...

Continúa en la segunda parte y final.

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